Transformación del álgebra a la psicología
Transformación del álgebra a la psicología De pibe y cuando me iba acercando al momento de encontrar mi carrera que definiría mi futuro profesional, pasé por varias etapas de elección. Por un lado, me gustaba mucho el fútbol y consideraba que podía...


Transformación del álgebra a la psicología
De pibe y cuando me iba acercando al momento de encontrar mi carrera que definiría mi futuro profesional, pasé por varias etapas de elección. Por un lado, me gustaba mucho el fútbol y consideraba que podía ser periodista deportivo, por otro lado, tenía cierta facilidad con las computadoras de pequeño, en la parte dura del estudio (matemática, física, química) no era un genio pero me resultaba mucho más fácil que analizar morfológicamente una oración.
Inevitable intervención de mi familia, quienes fueron docentes toda la vida, vieron el mismo proceso traumático en sus alumnos año tras año. La línea era simple, había una fuerte división entre las carreras que iban más para el plano humano y las otras que iban para el plano más duro, en donde lógicamente, la computadora y mi afinidad caían de cabeza. Me sentía un poco desalentado en ese momento por ser muy malo escribiendo, ya sea de manera conceptual como a nivel ortográfico y gramático básicamente, era un burro escribiendo. Sin ser un psicopedagogo, me daba cuenta que la parte humana y de periodismo deportivo que añoraba, quedaba varios cuerpos en desventaja.
Salió seleccionada la Facultad de Ingeniería con la carrera Licenciatura en Sistemas, en donde no conocía absolutamente a nadie que ya la hubiera hecho o bien que trabaje en ese ámbito. El concepto de te tiraste a la pileta vacía es moderado, viéndolo en perspectiva de la decisión que tomé — apoyado por mi familia — y de la cual no me arrepiento ni loco.
La facultad fue complicada en muchos niveles, académicamente y porque la UBA es compleja en niveles institucionales y organizacionales. Si uno se recibe es porque tiene constancia, perseverancia y un entendimiento que todo ese sufrimiento, luego, al final del túnel dará dividendos. Recuerdo mis clases de álgebra, las cuales me resultaban imposibles de entender cuál era el mensaje que me querían transmitir; simplemente me excedía. Las materias que eran de programación o de conceptos informáticos, las estudiaba con un placer inusitado, me resultaban llevaderas, atractivas y me gustaba dedicarles tiempo; no tuve inconvenientes con ninguna de ellas, pero álgebra la tuve que cursar tres veces porque no pegaba una.
Luego de muchos años, pude entender por qué álgebra, es una de las materias que más aprecio haberme cruzado en la universidad, me enseñó el concepto de tarea finalizada que no mucha gente tiene y a medida que van cambiando de generaciones es peor aún. El álgebra es un contexto abstracto que tiene una delgada línea entre un enunciado que podría haber sido escrito por un hippie pasado de opiácidos y un universo matemático, en donde uno tiene aparte del contexto, un punto de inicio, un punto de fin y unas herramientas para las cuales ir de el punto de inicio al de fin.
A diferencia de otras materias, no existe el concepto de resolución regular de un ejercicio, con lo cual, para aprobar los parciales, tenías que tener al menos dos ejercicios bien. Este concepto hace que uno incorpore el concepto de tener algo hecho, si vos no tenías algo hecho de punta a punta, no aprobás.
El tiempo me hizo entender, que cualquier problema o tarea que uno tiene que resolver, sea en tecnología como en la vida, es eso, un contexto, un punto de inicio, un punto de fin y un set de herramientas para atravesar ese camino. El álgebra te da la chance de abstraerte y pensar soluciones en las que los elementos no te confundan ni te condicionen, que es muy valioso a la hora de razonar soluciones.
Mi vida venía tranquila con la tecnología, con mi abstracción, mis auriculares, mi música a fondo mientras escribía código fuente de infinitas aplicaciones que desarrollé y estaba aprovechando al máximo lo aprendido en la facultad, resolver problemas con algoritmos y era siempre yo vs la computadora. Nadie más.
Todo tenía sentido, de chico con afición de tecnología, poco aspecto humano en mis condiciones, la universidad y el trabajo para profundizar todo eso y el círculo sea perfecto.
Ahora, el tiempo pasa, uno evoluciona en lo laboral, empieza a trabajar en equipo y notas que hay gente que no sólo piensa distinto a uno, sino que razona distinto y al final del día, hay que converger en un lugar común que sea de mutuo beneficio. Aparte de compañeros de equipo, uno luego tiene que reportar a superiores y finalmente aparecen las relaciones con clientes, que no sólo piensan distinto sino que aparte son de una cepa totalmente distinta a la de uno, con una historia de vida distinta, convicciones distintas y finalmente, es el cliente, el mensaje tiene que ser conciliador para no herir sentimientos.
Todo lo que en su momento tenía sentido en mi círculo tecnológico, dejó de tenerlo, porque mi trabajo luego de los años se convirtió en hablar con gente todo el tiempo de aspectos laborales como también temas personales de la gente que te reporta — temas que vos no estás preparado para sobrellevar ni por casualidad -.
Aparecen los conflictos entre los compañeros de equipo por mil motivos y distintas agendas que hacen que las interacciones sean más complejas de lo que te podías imaginar. Añorás los tiempos en los que eran vos vs la computadora y siempre eras el ganador independientemente del esfuerzo requerido. En un momento te das cuenta que tu trabajo es entender relaciones interpersonales, analizar personalidades de las personas que te rodean, entender formas de pensar, analizar patrones de comportamiento y ver cuál es la mejor forma de entrarle a alguien para que acepte una sugerencia. El álgebra tenía reglas, un punto de inicio, de fin y herramientas, las relaciones personales, no tienen forma; es cierto que hay patrones y que en los grupos de personas se pueden encontrar similitudes, pero eso lo ves luego de miles de interacciones.
Es un camino intrínseco el que hay que recorrer desde el álgebra a la psicología, mayoritariamente por intuición y muchas veces frustrante. Las cosas que aparecen juego en este proceso son mucho más difíciles de manejar que un simple bloque de código que no compila y el aprendizaje sueles ser doloroso, pero a los que están todavía atravesando el proceso desde el álgebra a la psicología, no se desanimen, se puede aprender y apreciar.