Te odio, fútbol

Photo by Mari Carmen Del Valle Cámara on Unsplash Te odio, fútbol No sé de fútbol. Nunca supe de fútbol y probablemente nunca aprenda nada de lo que significa el fútbol, pero toda mi vida transcurre alrededor del fútbol. Toda. El fútbol me ha dado...

DDiego Varela|6 jun 2020|30 min de lectura
Te odio, fútbol

Photo by Mari Carmen Del Valle Cámara on Unsplash

Te odio, fútbol

No sé de fútbol. Nunca supe de fútbol y probablemente nunca aprenda nada de lo que significa el fútbol, pero toda mi vida transcurre alrededor del fútbol. Toda.

El fútbol me ha dado las alegrías mas grandes que yo recuerde y también las tristezas peores por las cuales pasé. Sin términos medios y sin titubear lo puedo afirmar: el fútbol me dio felicidad instantánea, felicidad eterna y me dio dolor en el alma del cual probablemente jamás me pueda recuperar. Así es como lo vivo, así es como lo siento y a pesar que quiero sufrir menos, no lo puedo manejar. Por eso, te odio fútbol. Pero a quién quiero engañar, te amo con locura, fútbol.

Soy Argentino, de 1974 y a pesar de haberme criado en el barrio de Boedo, de Capital Federal, fui siempre de Boca Juniors. Siempre.

Creo que empecé a serlo porque mi viejo lo era, y mi vieja acompañaba escuchando los partidos por radio Continental, AM 590, mucho antes de la televisación de los partidos y mucho antes que por ejemplo pueda seguir los cotejos vía twitter o por aplicaciones que hacen transmisión en vivo de los eventos.

Al final del día, esperábamos los resúmenes deportivos que mostraban las mejores jugadas y los goles. En ese momento, se jugaban los 10 partidos en el mismo momento, con lo cual, por la radio, ibas escuchando transmisiones paralelas en dónde te iban avisando si había goles o penales en otros partidos. También actualizaban la tabla de posiciones si es que estaban en un momento crítico del campeonato. Los relatores de ese momento, tenían la terrible labor de hacer entretenido un partido en donde no pasaba absolutamente nada, porque sino, cambiabas de estación o apagabas la radio y perdían audiencia, lo cual les impactaba en la publicidad. Imagínense el Argentina — Islandia del mundial 2018 transmitido por radio, ¿Cómo hacés para mantener entretenida a la gente? Si los mediocampistas se pasaron la pelota de manera sistemática e inclusive tocándola con el arquero todo el tiempo, no pasó nada de nada.

Hoy en día, los relatores y los comentaristas, obviamente apoyados por la tecnología, no tienen mucho que agregar, a no ser que sean movimientos tácticos o estadísticas que a veces son poco creíbles, pero que en el momento pueden parecer interesantes. Admito que la radio me seducía mucho para seguir los partidos, porque por otro lado, te permitía hacer otra cosa y tener eso de fondo sin distraerte, pero hoy en día, no podría no verlo, se me hace complejo solamente tener audio con la tecnología de hoy en día que hasta podemos elegir la cámara con la cual podemos ver el partido.

Fui al Instituto Félix Fernando Bernasconi, en Parque Patricios, en donde abundaban hinchas — lógicamente — de Huracán. Pero ahí fui conociendo gente hincha de otros clubes, cosa que para mí en ese momento era inaudito que otras personas sean de otros cuadros que de Boca, pero evidentemente había más.

Recuerdo un amigo, que era de Racing (se fue a la B), luego se hizo de Huracán (se fue a la B) y finalmente se había hecho hincha de Nueva Chicago (quien también se terminó yendo a la B) y pedíamos por favor que deje de cambiarse de cuadro porque era como una parka.

Dentro de mis amigos, había gente de Independiente, San Lorenzo, Huracán y Boca, no había muchos de River ni de otros cuadros y las charlas futboleras eran realmente de poco calibre. Había algunos chicos que jugaban en el club Bristol, también de Parque Patricios y hablábamos más de esos partidos que de los de primera. En ese momento, no se me dio por jugar, ya sea por mi condición cardíaca o porque nunca me sentí hábil, ni siquiera me dio ganas de hacerlo.

De pibe en el colegio siempre jugábamos al fútbol y era un acontecimiento desmedido los días que hacía algún gol, cosa que no pasaba ni remotamente seguido. La verdad, es que era un mal tiempista, el físico no me acompañaba — era lento y siempre me paré mal en la cancha. Terminaba jugando en los lugares en los que los demás no tenían ganas de hacerlo, como por ejemplo, del lado izquierdo (abundaba de diestros el asunto).

Y siempre en defensa, es más fácil ser malo en defensa que ser malo en ataque. En ataque, no convertís goles y se te viene todo encima, en la defensa, te pasan, siempre podés recurrir a una patada para interrumpir el juego. Admiro obviamente defensores con clase, como supieron serlo Juan Simón y Walter Samuel o personas quizás no con tanta clase como Jorge “El Patrón” Bermúdez, que era una pared. Impasable y aparte intimidante como pocas cosas.

Mis padres, por el año 1982, consiguieron comprar una casa en un barrio, que en ese momento no había demasiada población. Una casa chica y en un barrio totalmente ajeno al concepto de Barrio Privado. No había árboles y escasa vegetación, pero aún así, había mucho pasto y terreno como para que eventualmente se forme algún partido. Pasaron los años y fui conociendo amigos y la mayoría futboleros, con lo cual pudimos constantemente organizar fútbol. Creo que en esos momentos fue mi formación, no creo que haya aprendido mucho más luego de eso, a pesar de haber seguido jugando. El nivel de juego era variado, por un lado, mucho pibe de unos 13–14 años que podíamos correr sin problemas, vs los padres, algunos arriba de 30 y otros arriba de 40 en donde ya les pesaba más el cuerpo y eso hacía que sea fácil ganarles en velocidad, pero tenían mucho mejor cuerpo y por otro lado, más experiencia.

En esos partidos aprendí la picardía y de utilizar al máximo los recursos que yo tengo, que son honestamente pocos, pero valen por sí mismos. Uno de ellos y para mí el más valioso, es el de ir a barrer al piso. Como terminé en defensa, había que cortar como sea, o pelota u hombre y la barrida, era bastante efectiva porque siempre acertaba una u otra. Los chicos con los que jugaban no les gustaba mucho que yo vaya al piso, sentían que los iba a partir al medio en cualquiera de las jugadas, con lo cual, con una maniobra poco ortodoxa, ya intimidaba desde mi lugar.

Siempre fui yo el que organizó los partidos con mis amigos, buscando la cancha, llamando al resto, tratando de ir rotando la gente por si fallaba, tener gente de repuesto, si se bajaba uno a último momento, poder encontrar a alguien más … siempre yo.

Terminábamos yendo unas cancha de fútbol 5 abajo de la autopista, siempre por barrio Boedo. Las canchas no eran una maravilla, pero estaban bien, habíamos conseguido en un horario bueno y ya manteníamos la reserva recurrente, con lo cual no hacía falta ni ocuparse. Nuevamente, el nivel de los partidos, era flojo, ya habían aparecido algunas panzas de oficinistas intimidantes que hacían que la velocidad de juego sea bastante lenta y por consiguiente, el juego salía muy previsible y malo.

Había gente que era fija en esos partidos, Villa, Antuan, Tincho y El Gonza. Antuan, un tipo que conozco literalmente desde que nació, era particularmente bocón en los partidos, gozaba demasiado de las buenas actuaciones de su equipo en voz alta, cosa que a mí, no me caía para nada bien. Un día, él llevaba la pelota y yo ya estaba bastante alterado por todo lo que había hablado, entonces de atrás, utilizo mi cuasi única herramienta, que era la barrida, para sacarle la pelota y de paso si me lo llevaba puesto, mejor. La jugada fue lícita, porque le pego primero a la pelota y después el se tropieza conmigo, pero marcó un antes y un después en lo que fueron los partidos ahí adentro, ya que después de esa barrida, casi nos agarramos a trompadas y decidimos que teníamos que jugar siempre en el mismo equipo, para básicamente no matarnos.

Hubo un día de verano, muchísimos grados, alrededor de 36 y yo estaba jugando, ese día me descompuse, me dio una fuerte arritmia y terminé internado. A partir de ese día aprendí varias lecciones:

  • No más partidos con 36 grados de calor.
  • No exigirme de más.
  • Me juré y me perjuré no volver a terminar internado luego de ninguna actividad física realizada.

Luego volví a jugar partidos muy esporádicos, en donde la pasé decididamente mal, por estar en falta de estado y aparte, porque siempre me quedó la idea que un mal esfuerzo, podía desencadenar en una arritmia (o algo peor).

Por todas las peripecias como jugador, he decidido ser un buen espectador de fútbol. Me gusta ver fútbol y vería fútbol todo el día si es que pudiera, si es por televisión, por televisión, si puedo ir al estadio, obviamente al estadio.

Mi viejo me llevó por primera vez a una cancha y fuimos a ver un partido de Proyección 86 en donde jugaron Ferro Carril Oeste vs River Plate. El partido salió 4–4 luego de ir ganando Ferro 4–0. Mi recuerdo es que fuimos a la cancha de Huracán, aunque leí en internet que todos los partidos de ese torneo, fueron en la cancha de Vélez, con lo cual, es posible que el torneo que haya ido a ver, no haya sido el Proyección 86. Qué confuso todo.

La segunda vez que fui a la cancha, la tengo mucho más presente fue cuando jugó en Mar del Plata, Boca vs Independiente, ganando Boca 3–0 con goles de Diego Latorre, “La Rata” Rodríguez y el señor Claudio Marangoni. El gol de Latorre fue de chilena y estamos hablando del año 1990, en un torneo de verano.

Ese día, recuerdo a la salida, un grupo de muchachos le quisieron robar a mi viejo, lo cual no pudieron, pero terminaron dándole una patada y él cayó a un costado. De ninguna manera es un gran recuerdo, pero al menos el partido estuvo bien y ganamos con justicia.

Recuerdo haber ido por primera vez a la cancha de Boca con mi ex-suegro quien había conseguido entradas o no recuerdo cómo, quedaba una vacante y la tomé. Fue el partido en donde Platense nos gana 4–0 con goles de Hanuch, Godoy y Claudio Sponton. Tal es así que a Hanuch luego de ese partido en donde jugó el partido de su vida, lo venden a Independiente, en donde no llegó a mucho.

Primera vez en la Bombonera y veo a Boca en un partido catastrófico perder por goleada por un equipo que, te puede caer simpático o no, nunca tuvo aspiraciones ni de un campeonato o de algo. Fatídico. Un recuerdo amargo en donde me preguntaba una y otra vez para qué habré ido.

Lo que sigue luego de esos hechos aislados, es una continuidad incesante de intentar ir a la cancha siempre que pueda. Tenía compañeros de la universidad en donde eran fanáticos en serio e iban a la cancha de local, de visitante, donde fuera. Hacían cualquier cosa con tal de ir, daban parte de enfermos mientras un camión los pasaba a buscar por la oficina para llevarlos, organizaban trabajar desde la casa o simplemente se sabía que mientras jugara su club, no estaban disponibles.

Yo no llegué a eso, pero no porque no quería, sino porque quizás no tenía con quién hacerlo y hacerlo solo no me parecía algo que me nazca.

A mí me pasaba algo que a poca gente le debe haber pasado y es que su círculo íntimo de amigos, no sea futbolero, con lo cual, me he sentido un poco solo en algunos aspectos, como por ejemplo el de ir a la cancha.

Mi amigo Tincho, con quien jugaba al fútbol, es gran fanático de Boca, él sí iba al estadio con lo cual desde que lo conocí (ya a mis 26 años) tuve fiel compañía para poder ir a ver a Boca. Afortunadamente coincidió con un gran momento de Boca, fines del 2002, 2003 y parte del 2004, en donde iba a todas las fechas de local e inclusive partidos de Copa Libertadores. Tuve la suerte de ver la final de ida contra Santos y también pude ver la final de la Sudamericana contra Cruz Azul, en donde perdimos el partido, pero ganamos por penales, en donde Abbondanzieri patea el último.

En esa tanda de partidos, fui a ver un Boca — River, el único que fui a ver a la cancha, en dónde River iba ganando 2–0 con gran partido de D’Alessandro y de Coudet. Luego Barros Schelotto en un gran partido, iguala. Tildé el casillero de ir a ver un Boca — River, en cancha de Boca, y en ese momento, por suerte había público visitante y no hubo ningún tipo de incidentes.

En el año 2001, ya con el último aliento de la convertibilidad, había aprovechado a hacer un viaje por varios lados el cuál incluía Alemania, más precisamente Münich. Justo cayó un día que había fecha, entonces decido ir a la cancha. Previamente, paso por una tienda de deportes y estaba decidido a comprar la camiseta del Bayern Münich que inexplicablemente también es un club que me gustaba, así que compré la casaca y estaba listo para ir al estadio. Lo gracioso es que, en ese local de deportes, encontré la camiseta de Boca con la cual habíamos ganado la Intercontinental al Real Madrid, ya que en Buenos Aires estaba totalmente agotada, así que, obviamente, también la compré.

El partido fue Bayern Münich (3) vs VFL Bochum (2). Este Bayern, es quien después nos gana la Intercontinental en el 2001, con gol de Giovane Élber. En ese mismo equipo estaban Oliver Khan, Bixente Lizarazu, Steffan Effenberg y Patric Andersson (quien es el que nos hace el gol en el 1–0 del Mundial 2002 vs Suecia) entre otros. Lindo equipito.

La cuota de color de este cotejo, que fue en Enero, es que hacía un frío infernal, yo estaba con toda la ropa de invierno que tenía encima y aún así estaba congelado. Fui en busca de un café y lo que conseguí fue vino tinto caliente, así que, no me quedó otra que tomar eso. Mantuve el calor al menos.

En otra oportunidad, tuve la suerte de viajar a Brasil en el 2003, puntualmente a Río de Janeiro, y que coincidiera que jugara Flamengo vs Vasco da Gama, o sea, clásico Carioca en el Maracaná (todavía no remodelado, el original, donde Obdulio Varela condujo a Uruguay a condenar a Brasil en el 50)

Estaba en el hotel y veo que organizan la excursión para llevarte a ver el partido y a mi Flamengo, por motivos ajenos a mi conciencia, siempre me cayó simpático y dije, ya fue, voy a verlo, compré la camiseta de Flamengo y a la cancha. Fui en un tour en un día de lluvia espantosa y con un guía hincha de Vasco da Gama que ni bien entramos a la cancha, se fue para el lado de la hincha de Vasco, mientras a nosotros nos abandonó literalmente en la part de Flamengo.

El Maracaná viejo era absolutamente abrumador, pensar que hubo más de 200.000 personas en un sólo partido ahí me da escalofríos. El partido fue para Flamengo 2–1 y lo más entretenido fue la salida, que el guía, obviamente no estaba, el furgón que nos había llevado, tampoco estaba obviamente y con otros dos chicos del tour, mirando para dónde ir. Mientras tanto, se había armado batalla entre las dos hinchadas y la policía había empezado a repartir machetazos por todos lados y cómo no podían faltar los caballos para imponer el orden.

Un horror. Encontramos el furgón, insultamos de manera radical al guía y al que manejaba y adjudicaron que tenían que mover el furgón porque sino los hinchas se lo rompían. A nosotros, que nos parta un rayo, eso sí.

Si solamente el problema fuera que veo fútbol, leo de fútbol y voy a la cancha en cuanto puedo, sería simple, el tema es que también soy adicto a tener camisetas. He dejado de comprar de manera a mansalva porque cuestan un dineral y porque tengo que direccionar ese dinero en otras cosas, pero en mis momentos de soltería, en donde podía hacerlo, he comprado — y me han regalado — montones. De Boca solamente, debo estar cerca de las 20 camisetas, de Argentina, debo tener alrededor de 8, luego de Selecciones, tengo la de Alemania e Inglaterra. Luego, de clubes, Flamengo, Bayern Münich, Milan, Barcelona, Celtic, Manchester United, Chelsea, Liverpool, Fiorentina, Köln y Junior de Barranquilla.

Hay camisetas que sé que jamás compraré, como la del Real Madrid, Arsenal y probablemente ninguna de los equipos de la A de Argentina. Hay también montones de camisetas que compraría, pero por una cuestión de cuidar el presupuesto, no puedo, como por ejemplo la suplente de la selección de Colombia en la Copa América del 2019, o bien la de la Selección Italiana, o la Holandesa, o la de Francia, Croacia, Egipto, Marruecos, en fin .. creo que no termino más si las enumero, porque después entro en los clubes y son infinitas.

Tuve mi momento en donde iba a cualquier viaje vistiendo siempre una camiseta de Boca. Siempre. Pasaba por migraciones sistemáticamente vistiendo camiseta de Boca, y no conforme, me empecé a sacar fotos que podrían considerarse bizarras o no convencionales, también con la camiseta de Boca, como por ejemplo, con La Gioconda o La Venus de Milo en el Louvre de París. En todos los viajes que hice de parburillo, ir con la camiseta de Boca garantizaba que alguien me pare por la calle y poder empezar una conversación. Estamos hablando siempre viajes internacionales fuera de Latinoamérica, donde la camiseta puede ser reconocida por Copa Libertadores. Lo que también vi, es que mucha gente hacía lo mismo que yo, pero con sus camisetas de sus clubes, creo que lo más raro, fue encontrarme con un pibe que vestía una casaca de Rosario Central, en el medio de una playa perdida de Australia.

Las camisetas siempre sirven para generar una conversación, porque sistemáticamente estás encontrando algo en común con un desconocido y si ese lugar es remoto, más aún.

En el mismo viaje donde fui a ver al Bayern, previamente estaba en Berlín y como costumbre tenía la de visitar el Hard Rock Café de cada una de las ciudades. Tocaba el de Berlín y cuando estaba entrando, adelante mío, había un muchacho que tenía una cadenita con el escudo de River, entonces, le mencioné algo sobre que era Argentino, y resulta, que eran como 14 pibes que estaban haciendo un intercambio en Alemania. Si no fuera por el fútbol, no hubiera conocido a Damián (uno de los chicos que estaba en ese grupo) que hoy en día sigo en contacto.

Viví muchos mundiales ya y afortunadamente el primer mundial que me acuerdo es el del 78. Era muy muy chico, pero recuerdo los festejos y la emoción que había por haber conseguido el campeonato. Un campeonato muy cuestionado en muchas ocasiones considero de manera injusta e inclusive dejando a Kempes como un jugador totalmente subvalorado. El Mundial 86, lo tengo muchísimo más presente y recuerdo haber gritado los goles abrazado a mi viejo. No era consciente de las implicancias políticas o el peso del partido contra Inglaterra, igualmente lo festejé. Lo que también recuerdo es el partidazo que Argentina jugó vs Bélgica. Los dos goles de Diego son mágicos y quedan injustamente en el olvido por su obra maestra vs Inglaterra, pero lo que hace vs Bélgica es una demencia. Infinitamente subvalorados esos goles, del cual me quedo con el segundo, no sólo por su factura sino por el festejo, sale trastabillando, no se cae nunca, se reincorpora y alza el puño derecho.

Quiero afianzar otro concepto y es que de los Mundiales, se ven todos los partidos. Nada de ver sólo los de Argentina, se ven todos, to-dos. Esto, implicaba buena logística a la hora de programar mi día laboral. Lo que siempre explico es, independientemente que me hagas trabajar a esa hora, no voy a poder prestar atención en absoluto, porque estoy decididamente pensando en el cotejo que no me estás dejando ver. A esta altura, igualmente me hice un poco de fama y todos saben que yo los partidos, de alguna forma u otra, los voy a ver.

Creo que soy un caso raro, en donde estuve en el país que se disputó el Mundial, pero no pude ir a la cancha por diversos motivos de logística.

Recuerdo haberme levantado estúpidamente temprano llamando a Francia para poder comprar las entradas vs Japón. El primer partido de la ronda clasificatoria, que terminamos ganando 1–0 con gol de Gabriel Omar Batistuta (de pié, señores). Fueron como 40 minutos a la espera que me atienda alguien de la venta de entradas, y cuando me atiende (en francés) logro pasar a inglés para que me digan que esas entradas ya estaban sold-out. Me quería morir.

Una vez en Francia, quise conseguir reventa, pero estaban arriba de los 1.000 USD. Una locura, no llego a pagar esa plata por un partido ni loco. Lo terminé viendo en la habitación del hotel, en donde recuerdo haber festejado el gol, saliendo al pasillo del hotel a los gritos. Por suerte nadie se molestó con mi algarabía.

En ese momento, estaba por un período de 3 meses en Inglaterra por trabajo y oh casualidad, coincidió con la etapa del Mundial. Bravísimo ver un Mundial rodeado de ingleses, pero igualmente la historia va para otro lado. En uno de los viajes de vacaciones que he hecho, me he quedado en contacto con Robert. Un polaco radicado en Alemania hace muchísimos años quien vive en Köln. Los partidos pasan hasta que toca el partido de Alemania — Argentina. Robert me llama y me dice, Diego, si no venís a ver este partido a Alemania, sos directamente estúpido

Ahí fui, hasta Köln a juntarme con Robert y un amigo de él para ver el partido. Fuimos a un gran parque que está cerca de la inmensa catedral de Köln en donde había, sin exagerar, unos 50.000 alemanes, completamente equipados con banderas, vincha, caras pintadas y camisetas. 50.000. Y yo ahí estaba con mis amigos, con mi camiseta Argentina y una bandera.

Los Alemanes no lo podían creer, se sacaban fotos conmigo. Dios sabrá qué era lo que me decían sin parar, y creo que para ese entonces, fue mejor no saber qué era lo que me estaban diciendo ya que la gente de alrededor se reía fuerte. Obviamente yo les contestaba con mi slang argentino furioso, total, desentendido por desentendido, no me voy a quedar con las ganas.

El gol que hace el Ratón Ayala, luego del centro exquisito de Riquelme, no lo grité. Me lo guardé para mí, eran muchos ellos y yo sólo, como que me sentí en aún más inferioridad.

Fui filmando durante todo el partido mis estados de ánimo y recuerdo estar terminado de los nervios ya. Nunca voy a entender por qué saca a Riquelme, tampoco voy a entender por qué entra Cruz. Quiero creer que con Cambiasso quiso cuidar el resultado y con Cruz, en vez de Messi, fue no tirarle la presión a Messi, muy pequeño en ese momento.

Tampoco terminé de entender la lesión de Abbondanzieri. Un gran atajador de penales, y entra Franco que no solamente estaba frío sino que aparte, no aportó nada.

La desazón de ese partido fue por una sumatoria de elementos que creo que se podrían haber controlado. Riquelme vs Real Madrid mostró que era imposible quitarle la pelota y que, para cuidar un resultado, prefiero un tipo que la tenga en el corner antes que un medio para cortar un ataque contrario.

Ese fue uno de los mundiales que más me dolió la salida, porque podríamos haber avanzado más, el equipo jugaba a algo y había talento infinito por todos lados. Creo que a Pekerman se lo crucificó un poco por no jugársela, pero Argentina le debe muchísimo a la labor de Pekerman.

Me tocó trabajar en Brasil todo ese año y tenía buenos amigos ahí como para poder coordinar absolutamente todo y que efectivamente, pueda por primera vez, ver un partido de Mundial en la cancha.

Mi amigo Nicoki, que en ese momento estaba viviendo en San Pablo, me daba alojamiento cada vez que iba, y por supuesto no iba a ser diferente ahora con el mundial. Buscamos entradas online y obviamente, totalmente agotadas, así que no quedaba otra que reventa. Encontré en ese momento el sitio Viagogo que es básicamente de reventa de entradas, y le dije a Nicoki, compramos dos y vamos a ver Argentina — Bosnia.

Compramos las entradas y a los días llegaron a la casa de él, ya con el simple hecho de tener las entradas, estaba que lloraba como un niño. Igualmente, siempre el miedo que sean falsas / tener algún problema al entrar, estaba latente.

El partido era en Río de Janeiro, en el Maracaná, esta vez ya remodelado.

Unos días antes del partido, estábamos en la casa de una vecina de Nicoki haciendo un asado, yo siempre a la parrilla y me comentan por encima que iban a pasar dos periodistas que se estaban quedando en la casa de la vecina. La cuestión es qué me puse loco, los chicos venían siguiendo el mundial y aparte, eran tipos que tenían fútbol en la vida, plagados de historias y aparte Ezequiel había cubierto como 6 mundiales.

Obviamente me la pasé hablando de anécdotas que tengan ellos y estaba como un niño al cual le daban caramelos. A todo esto, nosotros estábamos en San Pablo y había que ir para Río de Janeiro. Para eso contábamos con dos autos, uno que era él que había alquilado Nicoki y otro el que tenían los periodistas. Ibamos varios para Río así que había que dividirse. Yo ni lento ni perezoso dije que viajaba con los periodistas. Era un viaje largo y había que manejar mucho, así que me sumé al auto de ellos y de nuevo, enfermo de charlar sobre fútbol y de mil anécdotas.

Llegamos a Río y ahí volví con Nicoki. Nos fuimos para lo que era el Fan Fest durante todo el sábado (Argentina jugaba el Domingo), vimos un par de partidos y a descansar, al día siguiente teníamos el evento.

Fuimos para el Maracaná y todo el proceso fue una locura, desde que nos tomamos el tren, hasta que vamos caminando a la cancha, buscando cuál es la entrada que nos tocaba. Muchísima gente con muchos colores, argentinos, obviamente, pero había brasileños, mexicanos, gente de Bosnia, estadounidenses, en fin, de todos lados para ver a Argentina (o sea, a Messi).

Recuerdo que en ese partido, Sabella para el equipo con 5 en el fondo. El primer tiempo no fue bueno, pero Argentina se va ganando 1 a 0 por un gol que todavía no se entiende cómo se facturó. En el segundo tiempo Sabella para el equipo un poco más ofensivo pero todavía le costaba. Los brasileños, ya estaban hostigando con sus cantos y estaban haciéndoselo notar a Messi.

En ese momento, Messi encara, va para adelante, pivotea con Higuaín (que lee la jugada perfecto) y Messi se va hacia la izquierda con pelota dominada buscando el hueco, los bosnios tratando de tapar, pero sale el remate, pega en el palo y adentro. El grito de gol inunda la cancha que fue más de desahogo que otra cosa, por fin Messi haciendo un gol, en el Maracaná, haciendo callar a todos esos brasileños y sacándose la mufa de encima del mundial 2010 en donde no tuvo suerte con el arco.

Grité ese gol con toda mi alma, me abracé con Nicoki, me abracé con un estadounidense que tenía al lado mío y me sentí completo. Me sentí feliz por el gol, por el partido que al final ganamos y por haber tachado el ítem: ver un partido de mundial en la cancha.

No estuve ni en la cancha, ni en Asia, ni en Corea ni en Japón, pero es un mundial que me marcó tanto que merece un apartado. Describe perfectamente mi perfil futbolístico.

Habíamos clasificado al Mundial como 5 fechas antes, la campaña que había hecho Bielsa había sido brillante, le habíamos ganado a todos (en amistosos) y el nivel del equipo era más que aceptable y daba como para ilusionarse.

Los horarios de este Mundial fueron un espanto, ya que había que levantarse tempranísimo para verlo y después que vaya a trabajar otro. El partido contra Nigeria lo vi en la casa de un amigo (yo en ese momento, vivía solo y ni siquiera tenía TV en mi casa). Recuerdo que ganamos 1–0 con gol de Batistuta en un partido que tampoco le sobró mucho. Pero qué importa, ganamos.

Los problemas aparecieron en el partido vs Inglaterra, si bien no era definitorio, a nadie le gusta perder vs Inglaterra. El partido fue temprano y perdimos 1–0 con un gol de Beckham de penal. Pero el equipo fue una lástima, no había demostrado sangre y no habíamos logrado nada. La angustia era fuerte ya en este momento.

El partido contra Suecia, también en la casa de un amigo y fue desesperante ver la cantidad de centros sin sentido que tiró la selección. Durante toda la eliminatoria éramos un reloj, pero este partido había que ganarlo y lo único que hacían era tirar centros. Lo único. Batistuta no jugó con Crespo, por decisión del técnico, asumiendo que no se podía jugar con dos nueves porque podían chocarse.

Igualmente, en esta, si Bielsa consideraba que se iban a chocar, y que era lo mejor, lo respeto, lo que me cuesta horrores respetar, es que si la selección tenía una identidad, en el momento que las papas quemaran, sea solamente tirar centros y que alguien te salve. Sin mencionar que Verón, un tipo indiscutido, quería poner pausa casi en tiempo de descuento cuando nos estábamos quedando afuera. Es cierto que no hay que enloquecerse, pero no podés perder un segundo. A Verón lo considero un tipo muy centrado hablando de fútbol y lo que consiguió como futbolista con Estudiantes de la Plata (y como presidente también) es innegable, pero sueño con su gesto de “paren paren” cuando nos estábamos quedando afuera.

El partido sale 1–1 con gol de Crespo (luego de un penal fallido de Ortega) y a fuera. A verlo por TV. Sampaoli, hizo la misma cantidad de puntos y clasificó a 8vos, con un equipo que tenía una añoranza de personalidad que sí tenía la de Bielsa. No obstante, se quedó afuera.

Otra cosa, conectada a lo de Bielsa, es que continuó en el cargo hasta el 2004, cuando ganó, por primera vez, la medalla de oro en las Olimpíadas de Grecia, un logro histórico, ya que Argentina nunca lo había logrado. Pero ni bien le dan la medalla a Bielsa, renuncia a la selección. O sea, se fue victorioso, en proceso de arranque de eliminatorias, con sólo 2 años para preparar el Mundial y cuando el último Mundial había dejado una cicatriz imborrable para todos los argentinos.

Resumiendo, Bielsa ganó las eliminatorias del 2002, perdió en primera ronda en el Mundial 2002, gana medalla de oro en Olimpíadas 2004 y renuncia dejando de lado la selección. Tengo emociones desencontradas con ese proceso.

Toda la gente que se juntó con Bielsa habla tan bien de él y de lo mágico que resulta su oratoria que no sé qué pensar. Pero yo terminé siendo como Bilardo y entendiendo, al menos en el fútbol, que el fin justifica los medios.

Mi trabajo es manejar gente. Encontrar las virtudes de las personas que trabajan conmigo, potenciarlas y los defectos, tratar de disminuirlos sin que sea contraproducente. Considero que hay muchos técnicos que lograron hacer esto y los tres casos más indiscutidos que se me ocurren en este momento, son Bianchi, Guardiola y Gallardo. Podría mencionar también al Cholo Simeone, quien hizo milagros en Atlético de Madrid, pero creo más en los anteriores.

Por otro lado, yo no me considero ni cerca un experto de la táctica, con lo cual mi apreciación a los técnicos no solamente está basado en eso.

Lo que hizo Bianchi como técnico me parece una locura de lo genial que fue. Primero, porque sacó campeón de todo a Vélez. Un equipo el cual no estaba acostumbrado a ser campeón que le terminó ganando al Milan 2–0 en la Intercontinental. En ese equipo del Milan, por si no lo recuerdan, estaban algunos jugadores como Franco Baresi, Paolo Maldini, Alessandro Costacurta y Roberto Donadoni. Media selección de Italia

Luego, toma Boca y también gana todo y varias veces. Boca llega a 4 finales de Libertadores en 5 años (ganando 3 de ellas) y consolidando el hecho que en Brasil es un equipo terriblemente fuerte.

Para mi gusto, la Intercontinental vs Real Madrid, es un partido que debería enseñarse en el primario de los colegios. Cuando mencionaba que los técnicos potencian los jugadores, entendamos que en este partido, Anibal Matellan (que no fue ni por casualidad el mejor central del mundo) anuló a Figo. Riquelme se hizo un festival con la pelota, se las mostraba, se las escondía, la retenía, los volvió locos, directamente locos. Makelele y Jeremy todavía están buscándola.

Bianchi logró que tipos como Matellan, Christian Traverso y Barhijo, sean en algún momento y otro determinantes. Jugadores que jamás tocaron el mismo nivel ni por casualidad en otros equipos. Logró que Palermo y Barros Schelotto funcionen como un tándem ofensivo imparable, desarrolló las pocas virtudes de Palermo para convertirlo en un goleador increíble. Hizo amo y señor de la pelota a Riquelme, lo rodeó bien y le dio el soporte defensivo que necesita una persona creativa así, como lo era la columna vertebral del Boca, Oscar Córdoba, Patrón Bermúdez y Chicho Serna. El Vasco Arruabarrena y el Negro Ibarra como laterales con llegada, marca y gol y ayuda de Diego Cagna en el medio campo. Me enamoré del balance de ese equipo, de que cada uno entendía a la perfección qué tenía que hacer y cómo lo tenía que hacer. Se sufrió? Si, muchas veces más de lo que hubiera querido, pero se consiguieron triunfos unos atrás de otro.

El fútbol es maravilloso, une gente, une generaciones, es siempre tema de conversación y las alegrías que da, no te las saca nadie. Las adversidades son difíciles y tampoco las vas a superar, las vas a mitigar, pero nunca superar. El fútbol es tan grande que ante la pregunta de: Dónde fue la última vez que abrazaste a un extraño, la respuesta seguramente sea en una cancha.