China antes de los tiempos del Covid-19
China en épocas anteriores al Covid-19 China La perspectiva lo es todo en los viajes, uno disfruta y vive las experiencias, con la perspectiva de su historia, cultura y vivencias de sus propias aventuras y cultura engendrada por todos sus años. Ser...


China en épocas anteriores al Covid-19
China
La perspectiva lo es todo en los viajes, uno disfruta y vive las experiencias, con la perspectiva de su historia, cultura y vivencias de sus propias aventuras y cultura engendrada por todos sus años. Ser Argentino e irse unos días a China en familia, es abrumador en muchos aspectos, desde la preparación del viaje hasta el día a día cuando querés comprar comida. No solamente pasa por el idioma, la cultura en todos sus aspectos no puede ser más antípoda que la Argentina, desde cómo comen hasta cómo viven.
Voy a hacer una breve reseña sobre algunas costumbres que he visto con sólo unos pocos días de estar en Beijing.
- El respeto por el espacio personal es nulo, te llevan por delante todo el tiempo y realmente no les importa. Es así.
- Son ruidosos en todos los niveles, para hablar, para comer, para escupir y para tomar té. Cuanto más ruido, mejor. Ese es el lema.
- No están acostumbrados a ver occidentales, al punto tal, que se te tiran encima por la calle para sacarte fotos. Nos pasó que agarraron a nuestras hijas para sacarse selfies con ellas. Primero, obviamente tuvimos miedo, pero después te das cuenta que no lo vas a poder controlar. Son así.
- Hay muchos pasadizos que son llamados Hutongs, estas calles angostas tienen a lo largo, viviendas que son más que nada lo que se asemeja a un conventillo, restaurantes o bien baño público; muchas veces las casas se dejan ver por dentro y se ve la precariedad de muchas de las viviendas, gente durmiendo hacinada y en condiciones que distan de ser las mejores. Lo más fuerte que vimos fue gente durmiendo en una máquina elevadora (un forklift).
- Está estandarizada la letrina en todos los baños públicos, ya sea para hombres o para mujeres y mejor aún en varios de los baños públicos, no tenés puertas, con lo que tu intimidad se la llevó el viento.
- El tráfico es demencial, la bocina sirve para avisar que venís vos manejando y que — obviamente — no vas a frenar por nada del mundo. El peatón no tiene derecho a nada, los autos, motos y bicicletas ante todo, luego, quizás el peatón. ¿Mencioné ya que viven tocando bocina? Viven tocando bocina.
- El Subway es por escándalo el mejor medio de transporte en Beijing, fácil de usar, extremadamente bien señalizado y tiene bastante recorrido, igualmente la ciudad es tan grande que por más que haya miles de kilómetros, siempre hay que caminar para llegar a destino.
- La gente no habla en inglés. Y la que “dice” hablar en inglés, es un espanto la pronunciación o palabras que utiliza. De hecho, una de las guías que tuvimos, nos dijo que ella hablaba dos idiomas Chinese / Chinese — English o bien Chinglish. La guía era de lo mejorcito que escuché con inglés. Lo bueno, es que se desarrollaron mil apps en donde alguien graba algo en chino y te aparece escrito en inglés, lo mismo si vos hablás en inglés y eso te lo traduce a chino. Como recurso es válido, pero no reemplaza ni por casualidad que ambas personas hablen el mismo idioma.
- La parte escrita obviamente es imposible, porque uno, por ejemplo tiene ciertos años leyendo inglés, vas, leés alemán y no te digo que entendés, pero algo podés llegar a imaginarte. O bien siendo latino, leyendo portugués o italiano, algo seguro entendés, ahora, con el chino, estás muerto antes de empezar. Todos los menúes tienen fotos porque sino estás extinto.
- Son supersticiosos en niveles Bilardo en el Mundial 86. En cada excursión que hacés o cada cosa, tiene un significado supersticioso, los números por ejemplo, el 6 y el 9 son los números de la suerte, tal así que por ejemplo, la guía turística tenía su número de teléfono con algún que otro 6 y eso le salía más caro por llevar ese número. El 4 por el contrario, no es un buen número, el número de teléfono personal, tenía 4 y por eso le salía más barato.
Son primeras impresiones luego de pocos días en Beijing, pero independientemente del shock cultural, hay muchísimo para ver y hacer que seguramente seguiré escribiendo en futuros posts.
Forbidden City
Es raro arrancar este post, ya que puede ser encarado desde dos ángulos completamente distintos, el primero podría ser el valor histórico y arquitectónico de la ciudadela y el otro es la experiencia de cómo se vive la excursión. Así que lo haré desde esos dos ángulos arrancando por la parte histórica.
Historia y Arquitectura
La ciudad prohibida es donde vivía el Emperador y todos sus séquitos. Una verdadera ciudad con cientos de construcciones que conformaban un todo dentro de la ciudadela. Templos, jardines, puertas inmensas y muchos segmentos donde la adoración seguramente era imponente.
La arquitectura tiene la misma reminiscencia que se ve en el resto de Beijing, techos con tejas como con troncos y con alero redondeado en el momento de reposar en el aire. La circulación dentro de la ciudadela está pensada para que vos entres por el Sur y vayas caminando hacia la puerta Norte y no vuelvas para atrás, ya que eso lo consideraban “mala suerte”. El trayecto de puerta Sur a puerta Norte son como 2 kilómetros en donde distintos pasadizos laterales acompañan un corredor central que une como eje todas las construcciones que son frontales a cuando uno camina de Sur a Norte. Esas construcciones frontales son las de mayor envergadura y de mayor contenido histórico. Luego lindando el corredor principal, están el resto de los establecimientos, que probablemente era donde vivían el resto de los empleados del Emperador. La camina es extremadamente visual, ya que mires para donde mires tenés construcciones que son de por sí solas dignas de una foto, pero en el conjunto abruman de todo lo que se ve.
Los lugares que todavía tienen amoblamiento, como el trono del Emperador o las camas, no se puede entrar, solamente podés verlo de afuera. Nada mal igualmente.
Ponerse a pensar cómo era el funcionamiento de esa ciudadela en tiempos en donde estaba activa es un ejercicio increíble, te imaginás miles de personas con distintas actividades y todas con un mismo fin, que era de hacerle la vida simple al Emperador.
Experiencia viendo Forbidden City
Ahora vamos a la parte de cómo se vive la excursión que para mí es tan importante como la construcción e historia per se. Primero hay que pasar por un puesto de seguridad en donde todo el mundo presentaba una tarjeta que obviamente nosotros no teníamos. Llegamos a la puerta, miramos fijo al chino — le mostramos nuestro ID para mostrar algo y pasamos.
Luego de una caminata mayor, hay un segundo puesto de seguridad, pero ahí cuando quisimos pasar, nos pidieron los pasaportes, como no los teníamos, nos mandaron a comprar unos tickets.
Para comprar un ticket online, accedés al site que lo vende scaneando un QR code en una pared o varios lados que están por ahí. El site, obviamente está en chino y sin posibilidades de traducirlo nada más que por el Google Translate si es que usás Chrome como browser en tu celular.
Encontramos un puesto de turismo y ahí preguntamos, resulta que hay otra ventanilla que si hay humanos vendiendo las entradas. Fuimos derecho para ahí. Nos pidieron los pasaportes de los 4. Solamente teníamos el registro de California de la Negra y yo. Argentineamos y le dijimos onda, dale, pasaporte, tenemos ID gringo, vamo arriba. Nos dieron las entradas. Pasamos por el segundo puesto de seguridad y ya estabamos adentro.
Durante todo ese proceso de pasar por un lugar o por otro había una horda de gente infernal, en donde todos empujaban y te llevaban por delante, hay un infinito sentimiento de apuro a la hora de llegar del punto A al punto B. Entramos en modalidad Jijiji en recital de Los Redondos y empezamos a caminar empujando como si no pasara nada, pero acá es así, te empujan todos y no les importa nada.
Luego, empezamos a sentirnos los Kardashians porque la gente se nos tiraba encima para sacarnos fotos, se ve que no se ve gente occidental muy seguido. El hecho de sacarnos fotos se fue repitiendo infinidad de veces, y ahora ya lo tomamos como normal, pero quizás en un principio fue un poco invasivo.
Otro punto importante de la experiencia es que la gente escupe todo el tiempo, pero todo el tiempo, aparte cuando escupe, realiza ese sonido de “estoy arreando toda la planta avícola que tengo en mis pulmones” y luego lo expulso.
En todos los lugares públicos se repite gran parte de esta experiencia, el poco respeto por el espacio personal de cada uno, los tumultos de muchísima gente y la invasión total de las personas, pero luego que ves que es así, ya te acostumbrás y terminás disfrutando enormemente de la experiencia que estás viviendo recorriendo la ciudadela.
The Great Wall of China
Venir a China y no ir a la Muralla es cómo ir a Argentina y no comer asado. Sabíamos de antemano que había que hacer la excursión a la muralla y luego de hablar con un flaco sobre excitado de recepción contratamos un tour. Me confirmaron que me pasaban a buscar a las 6:45 am para ir — no me pareció temprano ya que con el bestial jetlag que teníamos ya estábamos despiertos hace 3 hs para ese entonces.
A la mañana del día de la excursión, nos presentamos en recepción y me dicen, tenés que ir a la esquina (unos 200 metros) y esperar el colectivo que tiene este número: 12353. Temprano en la mañana sin nadie en la calle, esperando en una esquina con toda la familia a un bus que por empezar no sabía si existía y luego si lo iba a reconocer.
Llegó el bus, subimos y estaba la guía, el chofer y una pareja oriunda de Singapore. Empezamos el recorrido a levantar el resto de la gente y emprendimos el viaje hacia la muralla. Emily, la guía nos dijo que el viaje consistía de 4 paradas: — Estación de Jade — Tumbas dinastía Ming — Muralla — Experiencia de casa de té
Estación de Jade
Inocentemente bajamos ahí y nos mostraron una hermosa pecera con dos chinos labrando el jade y nos contaron un poco lo importante que es el jade en China. Luego, una puertita y entramos a un salón enorme de venta de piezas con dicha piedra. Aunque de todo lo que tenían para ofrecer lo que más vendían era café. Es complicadísimo conseguir café en este país, no solamente porque tiene una bestial cultura sobre el té sino que aparte, nadie lo toma!
Recorrimos el salón, había piezas extremadamente grandes y que valían miles de dólares y otras en donde había un clearence en donde las cosas lucían más accesibles, igualmente esos lugares que te llevan las excursiones son trampas de la muerte, porque probablemente no tengas ni idea de los precios, entonces vas y pagás de una. Lo que también nos comentaron es que hay mucha piedra falsa y que te la cobran como si fuera jade. Ellos se jactaban que no tenían piedras falsas.
Tumbas Ming
Es una escala que se hace netamente para llenar un poco de espacio, ir al baño y caminar un poco por un jardín bastante lindo. Tiene obviamente un gran valor histórico ya que la dinastía Ming estuvo más de 1000 años al poder. Hay 13 tumbas de las cuales se pueden ver 3 que no son las originales sino que las rearmaron. Toda la parte de jardín que rodea la zona de las tumbas es precioso, los cerezos están en flor y hace que sea pintoresco todo el paisaje.
The Great Wall
El trayecto en bus hacia la Muralla fue una odisea de la cual me alegro haber salido vivo. El chofer del bus iba obviamente excedido en velocidad, camino de semi cornisa y aparte pasando autos en curvas y contra curvas, sin tener visibilidad 100% antes de adelantarse, por otro lado, el uso de la bocina es crítico para todo el desplazamiento. La bocina quiere decir: — Correte — Acá vengo — Frená, porque sino, no te puedo pasar — Movete para algún lado. — Ascelerá, así no llego más. — Otras opciones que todavía no he descifrado.
Mientras veía mi vida pasar de largo en cada curva y contra curva, pensaba en cómo se llega a un acuerdo de emprender un proyecto que es semejante demencia, aproximadamente 9.000 kilómetros de muralla, que sabés que va a llevar infinidad de años, vidas y para nada es una solución inmediata que tenías que es básicamente que los Mongoles te invadan.
Porque alguien dice “dale, lo hacemos” y después que el tipo que la arrancó se muere, el que lo sigue, probablemente ni sepa para qué lo sigue.
Fuera de ese razonamiento paralelo y ajeno a la China, llegamos a la base y de ahí tenés un funicular que te lleva hasta al tope de la montaña, donde se encuentra una entrada de la muralla. Algunos puntos que hay que destacar antes de hablar de la imponencia infernal de la muralla: — Llegar al lugar donde venden los tickets, ya requiere un estado físico no menor, porque son subidas y subidas de muchos metros, suelo irregular y agregale calor. — Existen varios puntos desde Beijing que se pueden visitar, nosotros fuimos a Mutianyu. — Este punto te llevaba hasta la Muralla en funicular y podías bajar también en funicular, caminando o en un tobogán. Nosotros metódicos, fuimos y volvimos por el funicular.
Una vez arriba de la muralla, es indescriptible lo abrumador que se siente caminar por ahí, la magnitud de la construcción no tiene precedente ni nada parecido que haya visto. Mirás y la muralla sigue por kilómetros y kilómetros recorriendo la silueta que forman las montañas, acompañado por un paisaje extraordinario y hermoso para contemplar. Caminar por la muralla dista de ser simple, si bien varios segmentos, como este, fueron restaurados, todavía tiene terminaciones antiguas y hace que el piso no sea liso en absoluto y aparte, el relieve que existe hace que el trayecto sea arduo. Agradecí mis momentos de runner para poder caminar y no perder el aliento mientras intentaba llegar de una torre a la siguiente. A todo esto, si era complicado para nosotros, imagínense para Julieta y Connie, quienes claramente no tienen el mismo nivel de tolerancia ni interés, con lo cual a Julieta muchas veces la tuve que llevar en los hombros, lo que la caminata la hacía más dificultosa. Igualmente, nada de eso impidió disfrutar el momento.
Es una excursión que recomiendo como algo a hacer en esta vida. La opulencia de la construcción los va a dejar sin aliento y en el momento en donde uno duda si se embarca o no en un proyecto que lo ve complicado, puede volver a tomar perspectiva.
Casa de té
El té acá en China es cosa seria. Uno sabe antes de venir que hay cosas que son características, como la seda, el jade y el arroz, pero no tiene tan presente que sea una comunidad que consume té de manera constante y todo el día. De hecho el consumo del te, a diferencia de lo que era en Inglaterra, no es social, acá es más individual.
Llegamos a la casa de té y una chica nos dio explicaciones varias de tés en una degustación. Yo soy muy fan del té, con lo cual, presté más que atención y terminé entendiendo un poco más sobre los mismos, variedades y beneficios. Me llamó la atención que en el momento de mencionar las virtudes y propiedades del té, algunos son buenos para la hipertensión diabetes, hígado y riñones … pensé que me iban decir que también curaban fracturas expuestas, pero no, se moderaron.
La verdad, que todos los tés que probamos eran muy buenos, distintos y sabrosos. Soy una persona que toma una infinidad de infusiones por día, así que adopté rápidamente los tés chinos.
La excursión duró todo el día y tuvimos la suerte que la guía Emily era genial, explicando y compartiendo info que tenía. El recorrido en sí, fue muy bueno, inesperada la parada de la estación de Jade que me sorprendió para bien y la degustación de los tés. Las tumbas están ok, pero no es algo que vaya a recordar en detalle por muchos años. Respecto a las 2 horas que estuvimos en la muralla, no encuentro adjetivos nuevos para describir la increíble sensación de pequeñez que uno tiene parado ahí arriba.
Silk Market
El mundo es made in china. Neil Armstrong decía que el hombre llegó a la luna con los que proponían precios más bajos de componentes hechos en china, entendiendo perfectamente cómo funcionan las cosas.
Silk Market es un lugar en donde hay varios pisos de distintos rubros de productos que son imitaciones de “alta calidad” de los productos originales. La leyenda urbana dice que como todas las fábricas están en China, los que están en las fábricas, sacan tandas sin número de serie y lo venden al mercado por bastante menos dinero, siendo un producto extremadamente similar al original.
Nos embarcamos en la odisea de ir a La Salada china y ver qué había. Inicialmente teníamos en mente algunas cosas, sobre todo ver las carteras y por otro lado yo estaba bastante ansioso con el tema del té. El proceso es agresivo, los vendedores te quieren meter adentro de su local, para mostrarte absolutamente todo lo que tienen y la verdad te vuelven loco. Por otro lado, regatear es no sólo posible, sino necesario. Siempre te muestran un precio que te puede parecer justo o no, pero sistemáticamente se puede bajar. El regateo es tan agresivo que si te dicen un número como primero precio, te tenés que hacer el ofendido y le decís que esperabas pagar un 20% de ese precio y después vas llegando a algo intermedio. Los vendedores casi que te avisan que el primer precio que te dan es un robo, con lo cual te dan el entre como para que empieces a regatear. Si encima comprás cantidad, el descuento que te pueden hacer es aún más importante.
Con las carteras existe una situación que es entre graciosa y ridícula. Te mandan al fondo, corriendo una cortina que tapa menos que un hilo dental y ahí empieza el “negocio en serio” en donde pueden sacar la mercadería que tienen de zurda, que son las réplicas que mencionaba antes. Los vendedores se agazapan y empiezan a hablar bajito porque aparentemente si no lo hacen y alguien se da cuenta, tienen problemas. Lo gracioso es que todo el mundo sabe que están ahí haciendo eso y de hecho los demás vendedores te piden que vayas detrás de la cortina, con lo cual ya empieza a ser ridículo.
Hay distintas calidades, tenés malo, muy malo, un espanto y algunas cosas buenas, que si bien sabés que son réplicas, sirven. Hay otras cosas que realmente no hace diferencia porque no representan a una marca, como por ejemplo palitos chinos para comer o abanicos que eso es indistinto donde uno podría comprarlos.
Es desgastador también, porque con cada vendedor, entrás en un proceso de tire y afloje y lo más probables que muchas veces te termines llevando cosas que no necesitás. En particular una empleada se puso tan agresiva que empezó a utilizar todas las artimañas como “precio solo para vos”
Silk Market puede ser tomado como un enorme gift shop en donde se puede encontrar de todo y la experiencia de comprar complemente las buenas cosas que uno puede llegar a conseguir.
Wangfujin
Es hora de hablar de la comida de China sin tapujos y que digamos las cosas como son. Wangfujin es una calle / barrio de Beijing en donde hay bastante movimiento, ya sea gastronómico, como también comercial. Todas las grandes marcas están ahí, inclusive un Apple Store. Hay varios segmentos peatonales en donde se funden construcciones muy viejas con instalaciones nuevas que marcan un gran contraste.
Una de las partes peatonales tiene un gran corredor en donde hay infinidad de puestos de comida que venden todo a modo brochette, o mejor dicho, comida insertada en un palito con punta. Al empezar a caminar ves distintas cosas, como por ejemplo una salchicha que está rasgada como para hacer cierta forma floral, o bien una papa que la cortan en espiral para lograr como si fuera un cilindro. También hay distintos cortes de carne de vaca y cerdo que están cocinados y puesto como brochette, pero lo interesante es cuando empezás a ver que hay escorpiones vivos puestos en un palito y ves que mueven las patas tratando de escapar. Sospecho que son escorpiones, honestamente no me llevé un biólogo para ver qué animales eran.
Seguimos caminando y ahí empezó el horror, había arañas de importante porte, cienpiés y gusanos también puestos como brochette. Intentamos sacar foto pero no pudimos, la vendedora no lo permitió. Independientemente de la rareza esa, nadie estaba comprando ni comiendo ese espanto, con lo cual, fuera de la rareza, no se qué tanto negocio será.
Fuera de ese shock en ese corredor, fuimos a infinidad de restaurantes en donde los menúes son muy similares aunque hay distintas vertientes. Algo que acá es importante es el pato asado, en donde lo pedís y te viene todo cortado listo para comer con una costra asada (que es pura grasa).
Vale la pena recordar que desde que llegamos, no hemos visto ni tenedores ni cuchillos. Todo con palitos, la comida viene previamente cortada de manera que sea simple de comer. Otra cosa que circula mucho son las sopas, comen sopa hasta de desayuno, y no estoy exagerando, es así.
No estamos tan acostumbrados al ruido que hacen cuando comen los chinos, cuanto más ruido, más rico está; ni tampoco a la velocidad que comen, se pueden llegar a meter hasta 4 bocados enormes en la boca ayudado por los palitos en un segundo.
En otro restaurant que caímos de otro barrio, su especialidad eran las ranas. Obviamente nos dimos cuenta de eso, una vez que ya nos habíamos sentado y no antes, pero por suerte el menú era variado y había más opciones, con lo cual no fue una desgracia.
Por último, vale mencionar otro tipo de comida en la que sirven cuatro tipo de carnes de vaca que están cortadas finito como si fuera fiambre y expuesto en la mesa. Luego, traen una vasija con un calentador propio en donde se le sirve agua y con el calor se genera un caldo. Luego de hervir el agua, servís la carne en el fuentón con agua hirviendo y cocinás la carne ahí. El sabor es muy bueno, aunque uno íntimamente si piensa en carne, piensa en asado.
La comida es rica y de más está decir que muchas veces no sabés qué estás comiendo, pero se sobrevive. No usan harina para nada con lo cual los únicos carbohidratos que usan son los del arroz. La composición de la comida es tan distinta, que tal es así que el cuerpo con pocos días de estar a base de comida china, ya te cambia; te deshinchás.
Parte de la experiencia de viajar, es someterse a la comida que uno no conoce o no está acostumbrado a consumir, China en esto te pone al límite todo el tiempo pero aunque uno piense que la va a pasar mal, se termina comiendo bien, rico y abundante.
Tren de Alta Velocidad
Cuando armamos el viaje desde Beijing a Shanghai muchos nos recomendaron hacer el trayecto en tren de alta velocidad, lo describieron como que era una experiencia que definitivamente había que vivir. El tren llega a velocidad de más de 300 km/h con lo cual asegura un poco de diversión.
Las distancias en China son enormes y en este caso, el tren une las dos ciudades en un poco más de 4 hs y son más de 1200 kilómetros de recorrido. Hay infinidad de opciones con el tren, podés sacar un lechero también u otro para pernoctar que son de más de 12 hs de viaje.
Cuando sacamos los tickets, lo hicimos online con un sitio en donde pusimos nuestra información y también números de pasaporte. Cabe aclarar que acá, nos han pedido los pasaportes para todo, inclusive nos pararon por la calle a pedirnos los pasaportes, por suerte con el ID de California lo pudimos pilotear, pero acá, hay que poner el pasaporte en serio. Cuando arrancamos toda esta planificación de China, tuvimos que tramitar visas, luego de revisar un poco, aprendimos que con pasaporte de US, el costo de la visa es de USD 140, pasaporte de cualquier otra nacionalidad, USD 30 y pasaporte Argentino, es USD 150. Viendo la desgracia de ser argentino también para esto, vimos la oportunidad de sacar las visas de las chicas con su pasaporte italiano, para reducir dramáticamente el costo de las visas. Luego, terminamos sacando todo con pasaporte Argentino porque la visa de US tiene que figurar en el mismo pasaporte donde está la visa de China. Inentendible, pero así lo definieron.
En el momento de sacar los boletos de tren, todavía estábamos con que era pasaporte italiano, con lo cual, en el ticket de Vale, quedó el pasaporte italiano puesto como dato del ticket. Obviamente que luego de hacer todas las visas con el pasaporte Argentino, no trajimos los italianos.
Ya en la estación de trenes, miré la reserva que teníamos hecha y decía que me tenía que acercar a un puesto de tickets con mi número de reserva y que con eso me iban a emitir los tickets. Me acerco con mis 4 pasaportes argentinos en la ventanilla (luego que una china me ayude a identificar qué ventanilla usar porque está sistemáticamente todo en chino) me emiten los tickets míos y de las nenas pero no me dan el de Vale porque me decían que el número de pasaporte no coincidía. En ese momento no entendía nada y pensé que lo que figuraba ahí era el ID de California (no recordaba haber puesto ese número, pero quería creer que era eso). Vale se da cuenta que es el pasaporte italiano que no tenemos, con lo cual la situación era, Connie, Ju y yo con ticket emitido, Vale nada. Llamo con un poco de pánico a la agencia que me realizó la reserva y le expliqué la situación que figuraba mal el número de pasaporte, pero que era un ticket que ya tenía y toda la perolata y la flaca que me atendió, que gracias al cielo hablaba chino, me dice, acercate a la ventanilla y pasale el teléfono a la persona de ahí para poder acordar con el empleado. Hago fila de nuevo, le paso el teléfono a la empleada y me lo devuelve (sin haber emitido nada) — repleto de miedo, atiendo y me dice que la situación es así, que podemos ver de cancelar el ticket de Vale y ver si lo podemos volver a comprar (porque ya el resto de los asientos estaban vendidos) o bien, cancelar el de Vale, reprogramar el resto a un tren posterior y comprar un nuevo ticket para Vale en el mismo nuevo tren.
En el medio también nos dan la opción de buscar una copia del pasaporte italiano en foto o como sea, así que también hubo minutos en donde en el medio de la estación de tren, con 250.000 personas a los gritos al rededor, nos pusimos a buscar esa foto y no la encontramos. A todo esto, la empleada me dice, si no hacemos esto en los próximos 5 minutos, perdés la chance de cancelar el ticket de Vale.
Me acerco a la ventanilla ya entregado para hacer la reprogramación a un tren posterior y cuando llego a la ventanilla, se me corta la comunicación con la chica que me estaba asistiendo por teléfono y ya tenía toda la info. Llamo de nuevo, me atiende una persona nueva, tuve que explicarle todo de vuelta.
Me acerqué a la ventanilla y ya el ticket de Vale estaba cancelado, solamente restaba sacar uno nuevo para ella y cambiar los nuestros. La muchacha de la ventanilla lo hace y tengo que volver a pagar el ticket de Vale. El tema de los pagos, es para escribir otro post aparte, pero se manejan algunas aplicaciones que solamente sirven en China, como WeChat, con la cual te permite hacer pagos.
Fui a un cajero, extraje dinero y finalmente tuve los cuatro pasajes para el mismo tren, mismo destino y asientos contiguos. Difícil momento porque ahí el tiempo apremiaba, las chicas estaban fastidiosas y aparte, no tenía la más mínima intención de perder los pasajes que ya había comprado.
Por consiguiente, cuando los sitios web, luego de armar el carrito de compra le dice que controlen los datos, háganlo, se pueden ahorrar un dolor de cabeza fuerte.
Llegada a Shanghai
Luego de llegar con el tren de alta velocidad a Shanghai, pudimos conseguir un taxi de manera relativamente simple y poder viajar al hotel. Ya desde el mismo taxi, que la fisonomía de Shanghai es totalmente distinta a Beijing, se ve simplemente más occidental. Los edificios tienen neon o no sé qué tecnología que en los 45 pisos que tienen, todos sus costados muestran imágenes como si fueran un gran televisor. A la distancia en un punto me hizo acordar a Dallas, solamente por el neón de los edificios, pero luego vas viendo que tiene su propia personalidad.
Llegamos al hotel y tuvimos la suerte de haber conseguido un buen precio por un lugar en donde las comodidades son infinitamente diferentes a las de Beijing. Básicamente, en este tenemos bañera, más espacio, luz, una vista infernal y por sobre todas las cosas, comida dentro del hotel.
Ese día llegamos molidos luego de haber viajado durante todo el día tras el percance de boleto de tren, y llegamos notoriamente cansados. Fuimos a comer algo y acordamos algunas excursiones. La que queríamos hacer ya mismo en Beijing y no pudimos, fue la Water Town, en este caso, conseguimos hacerlo via tour así que nos embalamos.
Water Town
Está aproximadamente a una hora de Shanghai vía bus y nos dieron a entender que depende netamente del tránsito que hay y como estábamos en vísperas de un feriado, iba básicamente a ser un horror (y lo fue).
Llegamos a la Water Town que es la ciudad de Zhujiajiao y ya cuando te vas acercando ves que hay mucho canal dando vuelta, aunque en las afueras, está bastante descuidado. No obstante, la parte turística está increíblemente bien cuidada.
Nos tocó una guía llamada Julie que era una máquina de hablar, le preguntabas qué marca de salsa de soja le gustaba y te traía historias desde Confucio en adelante para determinar la marca. Igualmente la info que traía sobre la mesa era mayoritariamente interesante. Una de las cosas que me contó es por qué los chinos todos sistemáticamente toman te en todo momento, inclusive cuando están en la calle usando unos tumblers que son exclusivamente para té (obvio que me compré uno). La cuestión es que el cuerpo está regulando su temperatura en aproximadamente 37 grados, si uno toma líquido frío, se necesita más energía para poder regular esa temperatura, pero si tomás algo caliente, no. Entonces, por ejemplo, cuándo comés, el cuerpo dispone de toda la energía para poder hacer la digestión y no para mantener la temperatura del cuerpo, ergo, hacés mejor la digestión.
La excursión consistía primero en entrar a un establecimiento que tenía un jardín inmenso con canales inmiscuidos por toda su superficie que describían distintos sectores los cuales se conectaban por puentes. Ese establecimiento tenía lugares en donde años atrás se utilizaban para enseñar a las hijas distintas actividades, ya que se consideraba que eran herramientas para que luego pudieran conseguir un esposo mejor ya que se equiparaban las clases sociales que lo determinaba el estudio.
Lo que aprendían era caligrafía, costura, tocar instrumentos musicales y a jugar a las damas chinas. Las personas de clase más alta — como la casa a la que fuimos — tenía sus propios maestros que disponían de distintos sectores para poder ejercitar la docencia. También disponían de un lugar que era para cultivar la tierra ya que consideraban que todo el mundo debía hacerlo para entender lo que era el sacrificio. Independientemente de otros factores, como que la sociedad hoy en día sería tildada de ultra-machista, el concepto de que todos tienen que agarrar la pala para ponerlos en perspectiva, me parece genial.
Los jardines con canales generaban muchos rincones preciosos en donde apuntes para donde apuntes, tenías una gran fotografía. Había más construcciones como templos y galerías, con muchas inscripciones y algunos dibujos también que complementaban la visual de la vegetación y del agua.
Hutongs
La Water Town tiene como un casco histórico también que consiste en varios hutongs (calles pequeñas y entreveradas entre sí) que poseen principalmente comercios y algunas viviendas. También por esos hutongs hay un museo del correo postal y también una farmacia. La farmacia ni bien uno entra, es un viaje al pasado unos 200 años, tienen decenas de vasijas en donde cada una de ellas, tienen dios-sabe-que, el médico te da la receta de cómo combinar todo lo que compraste, inclusive las medidas de agua a utilizar y temperatura, para que vos te lo lleves a tu casa, te lo prepares y adentro, lo consumas y con un poco de suerte, te cures.
El colorido de los hutongs que hay acá en la Water Town es un tremendo, el colorido lo dan las banderas, las marquesinas improvisadas con neón, ropa colgada en los balcones e inclusive la comida que está expuesta. Es muy pintoresco y se hace fácil caminar por ahí.
Hay comercios realmente llamativos, principalmente tres de ellos. El primero es de masajes en los pies hechos por peces. Vos llegás, te sentás y ponés los pies en una pecera repleta de peces que hacen la tarea de masajear/limpiar los pies. El segundo, es un lugar en donde tienen un gran receptáculo de vidrio, con docenas de caracoles, los cuales los utilizan para exfoliarte la piel de la cara. Llegás, te sentás en una silla y te ponen caracoles en la cara. Por último, nuevamente había negocios de comida que consistía en todo bicho que uno se muere de ganas de matarlo a chancletazos, ensartado en un palito, frito y expuesto para que vos — hambriento — vayas, lo compres y comas. Hablamos con la guía y le pregunté básicamente qué condición mental tenés que tener para ir y comer eso, con lo cual ella me contestó que tiene mucha proteína, como si eso fuera un agente motivacional especial.
La excursión al Water Town con sus hutongs valió la pena de principio a fin, una nueva muestra de cultura, sobre todo la milenaria que posee China combinado con un paisaje precioso y sumándole el elemento de la experiencia, como ver los negocios de los peces y caracoles que hacen que el todo sea un momento inolvidable.
The Bund
Una de las cosas que te pasa como viajero, es que a medida que conocés más ciudades y países, empieza a ser complicado que algo te sorprenda.
Por ejemplo, antes de la primera vez que fui para Europa, en el año 1998, solamente había ido a Mar del Plata, Montevideo y algún otro lugar dentro de Argentina, por lo tanto, estaba muy predispuesto a ser sorprendido. Aterricé en Madrid y llegué a San Sebastián luego de un tren y cuando estaba en el taxi yendo desde la estación de tren hasta el hotel, el paisaje me voló la cabeza. Ahí — en ese preciso instante — empecé a entender lo que es viajar y qué hay del otro lado, que lo que uno conoce no lo es todo y que hay mucho más del otro lado.
The Bund — que es un barrio de Shanghai, logró impresionarme de la misma forma a pesar que ahora estoy bastante más viajado que en 1998.
Shanghai está dividido por el rio Huangpu y con el paso de los años conformó dos grandes zonas, una que es la histórica y la otra es la que creció en los últimos 30 años en donde se levantaron una infinidad de rascacielos incluyendo al segundo más alto del mundo con 638 metros de altura y unos 127 pisos. Todos esos rascacielos describen una silueta totalmente iluminada de noche que hacen que Time Square se vea como aburrido. Los edificios ahora, no solamente están iluminados, sino que los llenaron de luces led y emiten imágenes en movimiento quedando toda la pared del edificio como una mosntruosa pantalla de 70 pisos. Si aparte considerás que eso lo hacen más de 50 edificios enormes uno pegado al lado del otro generás directamente un espectáculo envidiable.
La parte con historia, en la costa del rio, apuntando directamente a todos esos edificios iluminados, yace el barrio The Bund, que es de donde podés tener la mejor vista de la costa de enfrente para admirar todas las luces de los edificios. Hay toda una explanada preparada para el turismo en donde cientos de personas se agolpan para tomar fotos.
Esta sería la parte nocturna de The Bund que es sin lugar a dudas la más impactante, pero para mi existen otros dos momentos para ir.
En la mañana temprano, para correr por toda esa costa, con poca gente y una vista en donde los kilómetros te pasan con extrema facilidad y la segunda es en un horario con luz de día, en donde se encuentran muchas parejas por casarse sacándose fotos ahí, apuntando a los edificios.
En la parte nocturna, hicimos un tour por el rio en donde aparte, se puede apreciar la misma costa donde está The Bund que también es impresionante, con edificios que lucen como si fueran del estado, de poca estatura, 4 pisos máximo y muy anchos, de una cuadra. A la noche también están muy iluminados y son una belleza, con lo cual desde el rio, tenés de un lado los edificios altísimos haciendo un espectáculo con todas sus luces y del otro lado The Bund en donde están todos estos edificios bajos pero preciosos como están iluminados. Cuando suenan las campanas del reloj a las 22:00 todas las luces — y la magia — se apagan.
Shanghai como ciudad creció y está creciendo ya que se convirtió en punto estratégico como puerto. Mucha mercadería se despacha desde acá para todo el mundo. The Bund es un gran punto de interés para poder apreciar todo ese crecimiento de Shanghai transformado en esa impresionante mole de edificios todos iluminados.
Haber ido a China previo a la locura de la pandemia, me dio una de las mejores experiencias a nivel turismo cambia-cabeza que he tenido. Es todo distinto en niveles a los cuales las personas occidentales no estamos acostumbrados, y eso que fui solamente a Beijing y a Shanghai que tienen mucho movimiento de gente. Ponerse a prueba con culturas diferentes es el valor de los viajes, encontrarse con uno mismo y aparte, poder disfrutar antes, durante y después de los viajes.
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