El flagelo de la jardinería
Suculentas El flagelo de la jardinería Ya no sé qué número de día de encierro y cuarentena llevamos. La creatividad de cantar en la puerta de mi casa pasó de moda hace 5 semanas y la de hacer ejercicio via Zoom bien muerta está. No me voy a poner...


Suculentas
El flagelo de la jardinería
Ya no sé qué número de día de encierro y cuarentena llevamos. La creatividad de cantar en la puerta de mi casa pasó de moda hace 5 semanas y la de hacer ejercicio via Zoom bien muerta está. No me voy a poner filosófico en como va a cambiarle la vida a cada uno esta pandemia porque realmente no lo sé y no me resulta competente hablar de ello; aunque sí me siento competente de poder hablar de cosas que sí me han cambiado.
Si bien en la última semana se pudo empezar a salir a hacer algunos deportes con todas las precauciones pertinentes, el hecho de no moverme me hace sentir como un Rottweiler encerrado en un baño; me altero y mi cabeza todo el tiempo empieza a pensar en cosas para hacer. Mi creatividad está más fértil que nunca y quiero aprovechar este obligado encierro a hacer otras cosas que en ningún otro contexto sería capaz de hacer.
Un poco de historia: Mis viejos tuvieron/tienen una casa de fin de semana en Buenos Aires, llamada Sakura, de la cual ya he hablado en algún post anterior. Esta casa tiene un parque enorme con mucha vegetación y lugar también para poner en práctica la imaginación en lo que respecta jardinería. Mis padres han pasado una inmensidad de tiempo dedicada a la jardinería, aprendieron sobre la marcha y bien que lo han hecho; las plantas y el jardín eran tema de conversación con los vecinos debido a cómo tenían armado los lotes. Recuerdo a mi vieja sentada en el piso por horas y horas sacando yuyos de las plantas, acomodando los plantines que acababan de traer del vivero en los canteros que rodeaban la casa y también planificando dónde iban a quedar mejor los árboles que querían poner. Recuerdo fotos de pibe donde yo soy mas alto que los árboles que había ahí y hoy en día los árboles superan 50 metros de altura. El tiempo hizo que todos los planes de jardín dieran resultados increíbles luego de un esfuerzo supremo y una dedicación que pocas veces vi.
El tiempo pasó y ahora estamos en nuestra propia casa que tiene un jardín en el frente y otro jardín atrás. La Negra (mi esposa) desde el minuto cero que nos mudamos acá, ya tenía un plan que lo que existía en ese momento de jardín no era lo que iba a quedar definitivo. La Negra, arquitecta recibida y decoradora de lo que sea ni siquiera estudiado, cualquier espacio o cosa lo mejora redecorando, ya sea una torta, un ambiente, un jardín, un cajón, un placard; lo que sea. Por dónde pasa la mano ella la estética mejora sin dudarlo.
Esto tiene sus increíbles ventajas pero también sus desventajas, la flaca tiene proyectos en la cabeza todo el tiempo para hacerle a la casa que incluyen una enormidad de tiempo, esfuerzo y obviamente plata (que es lo de menos acá). Cuestión es que ella empezó a remodelar una parte de adelante del jardín antes que arranque toda esta demencia de la pandemia y en esos instantes yo me sentía un poco independiente de esos proyectos ya que yo tenía los míos y como gran punto; todavía podía salir a correr las veces que quería (aparte hacía frío) y con eso me regularizaba con mi energía y mente.
Vivimos en un barrio que es circular y acá nunca existió regulación para dejar de salir a caminar, con lo cual mientras la Negra trabajaba horas y horas en el jardín, la gente caminaba — siempre respetando la distancia — y hacía hermosos comentarios sobre el progreso del proyecto y aparte por la inmensa dedicación que ella le puso.

Suculentas en el jardín de adelante
Llegó el día en donde yo me acerqué e hice el intento de ayudar; el trabajo era: una zona de unos 8 metros cuadrados, requería nueva cañería para el riego y luego de poner el riego (y que funcione como queremos) debemos plantar toda esa zona (con plantas que obviamente eligió la Negra). Obviamente quería ayudar a la Negra y por otro lado en este momento en donde no se puede hacer nada pretendía seguir teniendo un proyecto en conjunto. Soy muy fanático de tener proyectos por separados y tener proyectos en pareja, me parece que es el combustible para cualquier persona que quiera vivir en una mínima armonía. Seguramente hablaré de la importancia de los proyectos en otro post; volvamos a la jardinería.
Si bien en mi vida había ayudado a mis viejos con el jardín en Sakura, nunca lo había hecho con compromiso o con la dedicación que yo le podría poner ahora; principalmente porque acá es donde vivimos y uno siempre quiere vivir en un lugar lindo. El hecho que el lugar esté efectivamente más lindo porque vos con tu pareja le pusieron mil horas de esfuerzo, lo hace doblemente lindo y gratificante.
Momento esencial, hay que hacer una canaleta para pasar lo que serían los blancos caños de plástico que proveerán el agua para regar las plantas. Ok, tengo que cavar, algo que no necesariamente hago todos los días y aparte, la canaleta, tiene que estar a la altura de la calidad en la cual se mueve la Negra, que no es baja; todo tiene que tener una terminación impecable. No hay lugar para medias tintas. Recordaba en Sakura que la tierra era extremadamente fértil y utilizaba la pala con cierta facilidad; el terreno acá es como tratar de hacer un pozo con una palita de playa en asfalto. Es terreno desértico, un clima extremadamente árido en verano y no abundan las lluvias, de hecho siempre hay sequía. En comparación con el clima de Sakura, un abismo de diferencia y una complejidad que no tuve en cuenta.
Mi experiencia con la pala hizo reír a mucha gente que obviamente me estaba preguntando si estaba enterrando a alguien o si directamente estaba escondiendo cuerpos; pero la verdad es que en esos momentos, empecé a encontrarle el gustito a hacer ese esfuerzo físico que lograba que drene toda la energía que tenía ahí acumulada sin sentido en algo productivo; tal es así que después quedé enloquecido con la pala y quería hacer pozos por todos lados. La cañería la pusimos y luego la Negra se encargó de determinar dónde plantar cada una de las plantitas que luego adornarían el jardín. La verdad que quedó muy lindo; los vecinos que siempre siguieron caminando, nos hacían bromas de que cuando terminemos con nuestro jardín tenían el de ellos para continuar con la labor.

Una de las cosas que también le llamó mucho la atención a los vecinos es que una mujer esté munida de una pala y que efectivamente pueda hacer toda la remodelación del jardín. Algunos inclusive reclamaban que yo no participaba, como si fuera mandatorio que el hombre esté ahí dirigiendo, cuando en realidad yo no entiendo nada y la que digita todo es ella. Si bien los comentarios son extremadamente positivos, es imposible no leer que la gente mayor de acá es bastante machista y por otro lado no dan demasiado por una mujer con la pala. Luego de entablar conversaciones y explicar que era arquitecta y que se dedicó toda la vida a ese tipo de trabajo, a la gente le cae la ficha, pero es remarcable lo que les llama la atención.
Este escenario de estar trabajando en el jardín de adelante con comentarios de los vecinos se repitió durante varios días, no solamente los fines de semana sino a veces después de tener un día agobiante de trabajo le dedicaba minutos. Recordemos que yo soy una persona que está todo el día detrás de una computadora hace infinidad de años y mi fuerza en los brazos o habilidad para hacer cosas con mis manos es más que limitada.
Los proyectos en el jardín, aparte de rehacer la cañería de ese segmento y plantar, continúan en sacar unas plantas que se llaman “Ajo Social” que francamente tiene un olor a cebolla espantoso y decoraban parte de nuestro frente de la casa; eliminar toda una zona con algunos yuyos muy invasivos que no queremos y luego en la parte de atrás faltan algunas decoraciones con piedras, flores y más plantas. Son todos proyectos que vamos tildando y vamos haciendo los dos juntos y la verdad, fuera que después de estar con un hacha, o una motosierra o una tijera de podar por horas luego me tengo que tomar un puré de paracetamol, es una hermosa forma de pasar el tiempo. Tal es así que resulta inimaginable que yo hace unos meses diga que iba a hacer trabajo físico y por otro lado en un jardín. Seguramente es una de las consecuencias de la cuarentena, pero agradezco que haya aparecido, es muy reconfortante tener proyectos con la Negra y por otro lado hacer que el lugar donde vivimos sea aún más lindo de lo que ya es.